Thomas Midgley

09.01.2026
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Thomas Midgley fué un ingeniero mecánico y químico estadounidense, desarrolló un aditivo que cambiaría radicalmente la industria automotriz: el tetraetilo de plomo (TEL), este compuesto químico fue diseñado para solucionar un problema técnico conocido como "golpe de motor", una condición en la que el combustible enciende de forma irregular, causando pérdida de eficiencia y daños mecánicos. Al introducir el TEL en la gasolina, los motores funcionaban más suavemente y con mayor potencia, pero los beneficios inmediatos de esta innovación oscurecieron los riesgos inherentes al uso del plomo.

Los trabajadores expuestos en las plantas de fabricación del compuesto comenzaron a experimentar síntomas de envenenamiento por plomo, como alucinaciones, convulsiones y, en muchos casos, muertes. A pesar de estas señales de advertencia, la industria petrolera, en colaboración con las grandes corporaciones químicas, impulsó agresivamente la adopción de la "gasolina con plomo".  Durante décadas, el plomo liberado al ambiente a través de las emisiones de los automóviles se acumuló en los cuerpos de millones de personas provocando una disminución del coeficiente intelectual promedio y otros problemas sociales a gran escala.

Ante la posible alarma que podia haber entre la población, Midgley y su socio Charles Kettering de los Dayton Research Laboratories, (filial de General Motors), lo ocultaron cuidadosamente patentando y comercializando el tetraetilo de plomo bajo el nombre comercial de «Ethil«. Bajo el amparo de General Motors, Midgley convocó ruedas de prensa propagandísticas para demostrar la seguridad del «Ethil«. En ellas vertía «Ethil» en sus manos y después se ponía una botella del aditivo bajo la nariz durante un minuto, declarando que podía hacer eso todos los días sin padecer consecuencia alguna.

Como resultado de estas demostraciones Midgley enfermó gravemente por exposición al plomo. Según la compañía Midgley «tuvo que tomarse unas prolongadas vacaciones». Después se quedó paralítico, confinado para siempre en una silla de ruedas. El engaño funcionó y para 1930 prácticamente toda la gasolina que se fabricaba en el planeta tenía como aditivo el tetraetilo de plomo.

La fuerte presión de científicos y médicos consiguió que la gasolina con plomo se prohibiese hace ya bastante tiempo, aunque con mucha variación entre los distintos países. Por ejemplo, Japón lo hizo en 1980, Alemania en 1996 y España en 2001. Sin embargo los niveles de plomo en el ambiente siguen siendo tan altos que los estudios de la Organización Mundial de la Salud estiman que solo durante 2021 el plomo que permanece en el ambiente mató a más de 1,5 millones de personas en todo el mundo y seguirá haciéndolo durante décadas. 

Otro invento de Midgley fueron los clorofluorocarbonados (CFCs);  gases derivados de los hidrocarburos saturados (se sustituyen átomos de hidrógeno por átomos de cloro y flúor). Estos CFCs se emplearon masivamente en la refrigeración (frigoríficos, congeladores, aires acondicionados…) como fluidos térmicos (el popular freón), así como propelentes de aerosoles. 

Las invenciones de Midgley no solo afectaron a las generaciones contemporáneas a su trabajo, sino que dejaron cicatrices profundas en el planeta y en las sociedades humanas que persisten hasta hoy.

Como paradoja Thomas Midgley desarrolló otro de sus inventos: un sofisticado sistema de cuerdas y poleas que le permitiría desplazarse dentro de su propia casa sin limitaciones a pesar de su parálisis. Nunca lo comercializó: a los pocos días de instalarlo algo salió mal y Midgley murió ahorcado por su propio invento.

Más que un inventor, fue un arquitecto de riesgos invisibles que desafió los límites entre la innovación y la catástrofe, recordándonos que el progreso sin reflexión es un arma de doble filo. 

Lo que se va vuelve, lo que sube tiende a caer. Alicia Keys. 



 

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